Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio…

Organización de las OMP

Necesidad de organismos centrales y periféricos

No se puede pensar una tal actividad misionera universal sin una dirección central en íntimo contacto con la periferia, que asume casi el papel de motor, animador, formador y planificador de toda la actividad misionera. Éste existe, y es el así llamado sistema pontificio de la cooperación misionera, que el Papa Pío XI inició oficialmente en 1922 con el Motu Proprio “Romanorum Pontificum”, que hace obligatorio en toda la Iglesia la institución en cada diócesis y en cada parroquia de la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe, a la que siguieron las Obras Pontificias de San Pedro Apóstol para el Clero Indígena, de la Santa Infancia y de la Unión Misional del clero (1929, Motu Proprio “Decessor Noster” y “Vix ad Summi”, 1947, Decreto de Propaganda Fide para la Unión Misional del Clero).

Este sistema no es facultativo; es la organización de todo el pueblo de Dios para la colaboración en la Missio Dei. Es la única organización operativa verdaderamente católica.

Pablo VI hizo una descripción convincente en el radiomensaje del 18 de octubre para la Jornada Misionera Mundial.

«Todo el mundo católico conoce y ama las Obras Misionales Pontificias, que se proponen organizar y valorizar la generosidad de los fieles en favor de los heraldos del Evangelio: primera y principal entre todas, la Obra de la Propagación de la Fe, a la que se unen, como auxiliares preciosas, la Obra de la Santa Infancia y la Obra de San Pedro Apóstol para el clero nativo de los países que se abren al Evangelio. Alma de éstas es la Pontificia Unión Misional del Clero, que, por medio de los sacerdotes, alimenta en todos los fieles el espíritu Misionero.

«Son denominada Obras Pontificias porque son propias de la Sede Apostólica, en cuanto expresión directa y más completa de la solicitud del Supremo Pastor para todas las Iglesias de la grey de Dios. Por eso, las Obras, en nuestro nombre, proveen en un plano universal y con una visión total de las más dispares necesidades a las ayudas espirituales y materiales que hay que destinar a todas las misiones».

Por eso las recomienda a todos los fieles, y especialmente a los que apacientan la grey de Dios, Obispos y sacerdotes. Más aún, ordena «por voluntad de la Santa Sede que se constituyan en cada diócesis de cada nación, y por las cuales los directores nacionales y diocesanos, colaborando con la sagrada jerarquía, deben gastar sus energías y su entusiasmo»

En su Mensaje para la Jornada Misionera Mundial de 1974 dijo: «Si las Obras no existieran, habría que crearlas”.

Las OMP debe tener la siguiente organización:

1. Gobierno Central, formado por:

Comité Supremo: que tiene la función de «velar para que cada una de las Obras Misionales Pontificias se desarrolle regular y eficazmente en su propio ámbito…» (Estatuto, art. 29). El Presidente es el Prefecto de la Congregación (Estatuto, art. 29–32).

Consejo Superior: gobierna la actividad de las 4 Obras, bajo la presidencia del Secretario Adjunto. Está formado por el Presidente, los cuatro Secretarios Internacionales, los Subsecretarios, y los Directores Nacionales. Éste es el órgano colegial que decide las normas, las orientaciones y la distribución de las ofertas. Se reúne una vez al año.

Comité Ejecutivo: Formado por el Presidente, los cuatro Secretarios Internacionales y el Encargado de la administración.

Desde hace 2 años, las Obras, conservando su autonomía, han adoptado una administración centralizada, y han intensificado también la comunión y la colaboración recíproca.

2. Dirección Nacional, formada por:

Director Nacional

Consejo Nacional de Misiones (CONAMI)

Directores diocesanos y Consejo Diocesano de misión

Delegados parroquiales

Puedo decir, para terminar, que las Obras son quienes han difundido el sentido de la misión en todo el pueblo de Dios, la verdadera y auténtica catolicidad; han afirmado de manera profética que toda la Iglesia es misionera, y que todos están llamados a comprometerse personalmente para que la Salvación de Dios en Cristo llegue a todos los hombres y a todas las culturas.

A los Obispos, que son los promotores y los coordinadores de la actividad misionera en sus diócesis, les corresponde también difundirlas y colocar al frente de ellas a las personas más idóneas, aquellas que tienen verdaderamente la pasión por la evangelización.

P. Vito Del Prete

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